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La Estafa a la Mujer: De la Majestad Sagrada del Hogar a la Servidumbre Utilitarista del Siglo XXI (Parte 2)

Un examen profundo sobre la mayor manipulación cultural y socioeconómica de la historia moderna. Cómo se convenció a la mujer de abandonar el oficio más alto de la tierra —criar, educar y embellecer el mundo desde el sagrado recinto familiar— para trocar su soberanía por la sumisión a un jefe corporativo y al Estado, dejando a la infancia inerme frente al adoctrinamiento secular.

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La Estafa a la Mujer: De la Majestad Sagrada del Hogar a la Servidumbre Utilitarista del Siglo XXI (Parte 2)

Sin embargo, el panorama contemporáneo ofrece un contraste doloroso que ofende la inteligencia y la dignidad humana. Hoy vemos que esa misma mujer debe atender la caja de un supermercado durante jornadas agotadoras, coordinar a un grupo de empleados bajo una tensión incesante o dirigir una empresa corporativa fría y distante; da igual el título del puesto, lo que es absolutamente seguro y trágico es que la convencieron ridículamente de que es mejor y más noble servir a su jefe antes que a su propia familia. Hemos llegado al extremo inadmisible de ver mujeres cargando con cajones pesados o realizando labores de un desgaste físico que antes era impensado que hicieran, todo ello aplaudido por una cultura que llama emancipación a la pérdida de los miramientos más elementales.

La Rifadura del Honor y la Pérdida de la Majestad

Al abandonar el sagrado santuario del hogar para competir en un mercado feroz desprovisto de toda consideración moral, las sociedades occidentales rifaron el rol femenino, su oficio irreemplazable y una majestad histórica que hoy se opaca con dudas sobre su persona que en el pasado estaban reservadas únicamente para los hombres. Cuando la mujer es arrojada a la intemperie del utilitarismo mecanicista, se expone a las mismas asperezas, cinismos y suspicacias que caracterizan al mundo secular del lucro, perdiéndose aquella atmósfera de respeto reverencial que constituía el escudo protector y la gloria de la feminidad.

Es admirable, desde el punto de vista de la ingeniería social y de la perfidia dialéctica, el logro obtenido por el sistema económico y cultural hegemónico: lograron que la mujer vea como su legítimo derecho el ser esclava para aportar económicamente a un sistema corporativo impersonal. Se evidencia en este movimiento un cálculo financiero y político de extrema frialdad: resultaba muy caro para el capitalismo usurario y para el Estado recaudador que la mujer se quedara en casa y pagarle un salario digno y justo al marido que permitiera sostener con holgura a una familia numerosa. Al duplicar artificialmente la oferta de mano de obra en el mercado, se logró deprimir el salario real del jefe de familia, haciendo financieramente indispensable que ambos cónyuges abandonen el hogar para sobrevivir.

La Peligrosidad de la Madre Educadora Frente al Estado Adoctrinador

Más allá de la conveniencia financiera para los grandes poderes económicos, la presencia de la mujer en el hogar representaba para el sistema dominante la máxima peligrosidad ideológica: una madre libre, inteligente y virtuosa que cría personalmente a sus hijos les enseña coherencia, lógica, fe y valores morales sólidos. Una infancia nutrida en el seno de un hogar ordenado y amoroso desarrolla una autonomía intelectual y una fortaleza moral que la vuelve inmune a las consignas masivas y a la propaganda demagógica del poder central.

Para el modelo tecnocrático contemporáneo, es inmensamente mejor que el Estado intervenga de manera temprana para pervertir la razón de los menores, acostumbrándolos a ser esclavos obedientes del pensamiento único y a permanecer desde su nacimiento en manos de personal institucional ajeno a la intimidad y al calor de la familia, desde bebés en guarderías estatales si es posible. La neurobiología de la infancia, tal como lo demuestra el análisis científico de los vínculos tempranos, confirma que la ruptura prematura del apego materno y la delegación de la crianza en el aparato burocrático deterioran el desarrollo motor del carácter y empobrecen la capacidad de discernimiento moral en la adultez, generando sujetos pasivos, dependientes e influenciables por la cultura de masas.

La Resurrección del Sentido Común y la Defensa de la Familia

Nuestra línea editorial denuncia esta estafa histórica con la serenidad de quien se apoya en la verdad inmutable del orden creado. Reclamamos con firmeza filológica y filosófica la necesidad de desterrar la falacia de que la sumisión a las exigencias del mercado capitalista o burocrático constituye una forma de superioridad sobre la sublime soberanía del hogar familiar. Reconocer las cosas por su verdadero nombre exige afirmar sin rodeos que desmantelar la presencia materna en la educación de los hijos y degradar las virtudes domésticas ha sido el golpe más destructivo contra la cohesión social de Occidente.

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